Diccionario Apodaca: claves para entender el colapso de las prisiones (1)

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El nuevo estallido en el penal de Apodaca pone en evidencia una crisis general del sistema penitenciario en México, secuela natural de la guerra contra el narcotráfico y de un esquema de corrupción que lleva ya tres décadas operando. Para entender las raíces del desastre, preparamos este diccionario urgente.

 

 

Causa 1: directores corruptos.

 

 

Todo el mundo sabe ahora que Gerónimo Miguel Andrés Martínez, director responsable de la matanza y fuga de reos en Apoda tenía un frondoso prontuario que obligó a su destitución del penal chilango de Santa Marta Acatitla. El problema es que esta casta de altos funcionarios de prisiones se mueven como pez en el agua por el sistema penitenciario pues tienen nutridos CV, conectes y experiencia, que convierten en funcional a esta casta burocrática donde por norma quien resiste, avanza.

 

 

Apodaca

El ex director del penal de Apodaca, Gerónimo Miguel Andrés Martínez (Foto: terra.mx)

 

 

No importa que se escapen reos: los gestores de las cárceles pueden llegar a consejeros del IFE, como Sergio García Ramírez pese a que en los años setenta cuando éste empezó su carrera en los penales mexiquenses tuvo fugas de alto impacto que nunca más fueron mencionadas en la ascendente carrera de quien fuera Procurador General de la República con Miguel de la Madrid.

El caso de Martínez es más lacerante porqué había datos contundentes sobre su pasado que en 2011 emergieron en varios medios como Reforma:

 

“Pese a que fue destituido en el 2009 del Penal de Santa Martha Acatitla, en el Distrito Federal, por presuntos actos de corrupción, el gobierno de Nuevo Leónnombró a Gerónimo Miguel Andrés Martínez como titular del Centro de Readaptación Social de Apodaca.La designación de Andrés Martínez en el Cereso de Apodaca se publicó el pasado 27 de mayo, cuando Jorge Domenevocero de seguridad estatal, hizo el anuncio y calificó al nuevo funcionario como “gente con experiencia”.

 

 

Pero Domene dio en el clavo. Martínez era un veterano del sistema de prisiones:

 

 

“Es gente que ya estaba dentro (del área), o sea, los relevos es gente con experiencia”, dijo Domene en esa ocasión. ”(Se trata de) gente que ya ha estado, no necesariamente en los penales locales, pero que ya tiene todo eso, su currículum y sus requisitos cubiertos”.

 

 

Su historial en el DF no podía ser más cuestionable. Pero no importó:

 

 

“El 8 de julio del 2009, Grupo REFORMA y otros medios de la Ciudad de México publicaron que Andrés Martínez fue cesado como titular del Penal de Santa Martha luego de que, el 14 de junio de ese año, se detectó que desde el interior de esa penitenciaría operaba una banda de plagiarios comandada por Giovanni Bautista Rodríguez, “El Giovanni“. Fuentes consultadas en la Ciudad de México aseguraron que el hoy director del Cereso de Apodaca había llegado al Penal de Santa Martha en enero del 2009 con la encomienda de desarticular las redes de extorsión, protección y liderazgo de bandas que operan en el interior, así como combatir frontalmente la corrupción.Sin embargo, seis meses después fue destituido. Las fuentes también señalaron que el cese de Andrés Martínez se dio por presuntos privilegios para algunos internos, principalmente a los dedicados a la extorsión y al secuestro.
Sin embargo, pese a los supuestos actos de corrupción detectados, la Secretaría de Gobierno capitalina no presentó denuncias contra su ex funcionario”.

 

 

Causa 2: La llegada de los cárteles.

 

 

La endémica corrupción en las prisiones ha llevado a la privatización de facto de los espacios carcelarios y estos se han convertido en un nicho de negocio y poder para los cárteles de la droga. Lo contaba Ana Lilia Pérez en un reciente informe de Contralinea:

 

 

 

Apodaca

Familares enojados en Apodaca (Foto: mexico.cnn.com)

 

 

La laxitud del sistema penitenciario mexicano y la corrupción rampante hicieron de los reclusorios una extensión de las zonas en disputa entre organizaciones antagónicas. De esta manera, el dominio de penales de Tabasco, Veracruz, Nuevo León, Tamaulipas, Quintana Roo es disputado por el Cártel del Golfo y Los Zetas, no sólo por sus diferencias como grupos adversarios sino por el control de los negocios en los penales.

Algunas de las más férreas disputas se han vivido por el mando de los penales de Tamaulipas, donde ambos cárteles aún tienen una fuerte presencia y operación. A los siete centros penitenciarios –de Reynosa, Nuevo Laredo, Matamoros, Altamira, Victoria, Mante y Miguel Alemán– han hecho extensiva su desavenencia.
Las más recientes fueron precisamente las riñas en los penales de Tamaulipas –en enero pasado–, que dejaron 31 muertos y 13 heridos en el Cereso de Altamira, y 20 muertos y 12 heridos en el de Matamoros.
Lo mismo ocurre en penales de Nuevo León, particularmente en los ceresos Topo Chico, en Monterrey), y Cadereyta, en Nuevo León.
En el Sur el foco rojo es el Centro de Readaptación Social del Estado de Tabasco (Crecet). La proliferación de drogas y alcohol se vio incrementada a partir de 2008, cuando se recluyó allí a docenas de gente de La Compañía, la dupla que formaban entonces Los Zetas y el Cártel del Golfo. Desde el Crecet controlaban los mismos negocios. Las primeras fricciones entre ambas organizaciones se hicieron sentir: 23 grescas, en 2009.
Los penales de Baja California son zonas de disputa entre el Cártel de Tijuana y el de Juárez; los de Chihuahua, entre el Cártel del Juárez y el de Sinaloa. Y así, uno en uno podría hablarse de que cada cárcel municipal y estatal es un área en disputa según el cártel o la organización criminal que predomine. La iniciativa Open Society Justice (de la Open Society Fundation), dedicada a la asesoría legal para el debido proceso y la aplicación de la justicia, en voz de su representante en México, Javier Carrasco, identifica como focos rojos lo penales de Nuevo León, Tamaulipas, Sinaloa y el Estado de México.

 

 

Todo esto ha convertido al personal de las prisiones en rehenes o cómplices de estos cárteles y sus negocios carcelarios basados en el hacinamiento de las prisiones. El estado ya no manda en muchos penales que se autogestionan en forma salvaje.

 

 

Causa 3: Sobrepoblación penitenciaria.

 

 

El estallido de la crisis de seguridad ha abarrotado las prisiones de México desde hace ya más de dos décadas. Este colapso ha convertido la prisión en un lugar de estricta supervivencia donde los internos deben pagar por sobrevivir en una cadena infernal que incluye la extorsión sobre los familiares de los reos. Un esquema que contaba la periodista Sanjuana Martínez en un visita al penal de Apodaca en julio del 2011:

 

 

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Exterior del Penal de Apodaca (Foto: pulsociudadano.com)

 

 

 

 

Un gran patio aparece en la zona central. Hay puestos de comida, frutas, verduras y dulces. Aquí todo se vende.Los presos conviven con sus familiares sentados a la mesa o paseando por el patio. El que tiene dinero vive mejor; el que no, le toca asumir las miserias del sistema penitenciario mexicano.

Hay cabinas telefónicas y celulares rentados. Los cuartos de visita conyugal también se alquilan. Hay una larga lista. En verano es difícil conseguir un lugar. Hay Internet, Nextel, Iphones o Blackberrys. Se vende todo tipo de droga: piedra, crystal, coca, mariguana, pastillas, inhalantes. También armas. Las deudas están anotadas con sangre. No pagarlas significa la muerte.

Los jefes tienen sus privilegios: celdas acondicionadas, televisores de plasma, computadoras, cocina propia… Entran y salen del penal cuando quieren. Muchos viven mejor aquí que afuera. A base de dinero compran voluntades. El binomio “plata o plomo” funciona. Los jefes del cártel en turno son los que mandan y los que dan el visto bueno a la contratación o el despido de celadores y directores.

El típico método del “suicidio” abunda. Varios directores han renunciado o fueron cesados. Casi un centenar de internos, celadores y encargados de la seguridad de las cárceles de los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas fueron asesinados en lo que va del año por el crimen organizado que controla las prisiones ante la atenta mirada de los estados y la Federación. La narcoguerra ha sobrepoblado las 429 cárceles que hay en México dominadas por la pax del narco.

El miedo es la constante, el hacinamiento la rutina. Pocos reos quieren contar lo que sufren. Paradójicamente algunos son “secuestrados” y sus familiares deben pagar “el rescate” que les permita vivir en paz dentro de la prisión. Padecen tortura, violaciones, amenazas. El poder seduce y algunos aceptan ser reclutados para aumentar las filas del crimen organizado. La indefensión va unida a la impunidad. No hay salida. Sólo tienen “el consuelo” de la evangelización cristiana.

 

Son cosas sabidas, escritas, probadas y documentadas una y mil veces. Pero hace tiempo que todos sabemos la verdad: nadie arreglará las prisiones porqué son la cloaca de un sistema fallido que en su última línea, en las cárceles, está fuera de toda ley que no sea la ley de la selva. Pero sigamos con las causas del desastre en una segunda parte.

 

 

 

 

 

 

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